#TexMeeting 2025

Colaborar para competir: el valor en cadena que impulsa al textil europeo

Artículo de opinión de Josep M. Mestres, presidente de Texfor. Reflexiones sobre el TexMeeting 2025

Cuando pensamos en el TexMeeting, no hablamos solo de una conferencia anual, hablamos de un punto de encuentro. Durante unas horas, industriales, marcas, centros tecnológicos, universidades, estudiantes y administraciones comparten sala, preocupaciones y expectativas. La edición de 2025 ha confirmado que este ejercicio de diálogo directo sigue siendo tan necesario como el primer día.

El lema de este año, “Valor en cadena. Colaborar para competir”, tampoco es un recurso de marketing. Resume una realidad clara: el valor ya no se genera en un único eslabón, sino en la relación entre todos ellos. Una empresa sola puede sobrevivir; una cadena bien conectada puede construir futuro.

El contexto no invita a la complacencia. El consumidor cambia de hábitos con rapidez, la competencia global presiona precios y márgenes, la normativa europea multiplica las exigencias de transparencia y responsabilidad, y la tecnología acelera a un ritmo que obliga a priorizar inversiones. La tentación podría ser replegarse y proteger lo propio. Sin embargo, la experiencia de las empresas que mejor están resistiendo apunta en otra dirección: abriéndose a la colaboración ganan estabilidad y generan nuevas oportunidades.

En este escenario, 2030 no es una fecha abstracta, sino una línea de meta. Para entonces, buena parte de las reglas del juego ya habrán cambiado. Hablamos de productos diseñados para durar más y encajar en modelos circulares; de información fiable que acompaña a cada artículo; de sistemas capaces de transformar residuos en nueva materia prima; de una química gestionada con rigor y de decisiones energéticas que impactan directamente en la competitividad.

Nada de esto funcionará sin talento. El sector necesitará jóvenes que dominen herramientas digitales y se muevan entre el diseño, los datos y la comunicación, y también profesionales con experiencia capaces de reinterpretar su oficio. La fábrica y el aula no pueden seguir siendo mundos paralelos. Cuando un estudiante se sienta junto a producción, diseño e I+D para participar en un proyecto real, la empresa gana nuevas miradas y el futuro profesional descubre hasta qué punto el textil sigue siendo un sector estratégico.

La palabra “colaboración” corre el riesgo de desgastarse de tanto repetirla. Por eso, en el TexMeeting insistimos en darle contenido concreto. Colaborar significa sentarse proveedor y cliente a revisar cómo se diseña una colección; compartir la información justa para que la trazabilidad sea útil; probar soluciones en pequeño con un grupo reducido de empresas, centros tecnológicos y administraciones, y escalarlas si funcionan. También significa admitir que hay retos –desde la gestión del residuo hasta determinados suministros estratégicos– que solo se abordan con eficacia cuando se miran desde una visión de cadena.

En este punto, la administración pública desempeña un papel determinante. No solo por los fondos que puede movilizar, sino por su capacidad de orientar la contratación hacia criterios que reconozcan el valor añadido de un producto trazable, seguro y circular. Cuando un pliego se limita a premiar exclusivamente el precio, el resultado es previsible: presión sobre los costes, deslocalización y pérdida de tejido industrial. Cuando, en cambio, se compra valor, la ciudadanía se beneficia y el ecosistema empresarial se refuerza.

Por eso, más allá de la crónica del día, lo importante ya no es la fotografía de la sala llena, sino lo que ha sucedido después. Si el TexMeeting 2025 ha servido para que, en estas semanas, empresas, marcas, centros de conocimiento y administraciones hayan empezado a explorar aunque sea una nueva iniciativa conjunta –por pequeña que sea–, la jornada habrá cumplido su objetivo con creces.

El textil europeo tiene experiencia, conocimiento y una resiliencia sobradamente demostrada. Lo que marcará la diferencia es nuestra capacidad para activar ese potencial de manera coordinada a lo largo de toda la cadena de valor.

“Colaborar para competir” no es un eslogan ni una frase efectista. Es una forma de trabajar que ya está en marcha en muchos rincones de nuestra industria. El reto, a partir de ahora, es ampliarla, consolidarla y convertirla en norma, no en excepción. Solo así el textil seguirá siendo una pieza relevante de la economía europea en 2030 y más allá.