Por Josep Moré, vicepresidente de Texfor
Durante demasiado tiempo, al hablar de empleo en el textil hemos puesto el foco en lo que falta: faltan perfiles, faltan técnicos, falta relevo. Hoy propongo darle la vuelta. No para maquillar la realidad, sino para mirar el mapa completo: el textil está lleno de oportunidades profesionales para una nueva generación. El reto no es solo encontrarlos; es lograr que nos vean, que nos entiendan y que quieran formar parte de esta industria.
Porque el textil no es un sector “de antes”. Es un sector que está cambiando —y lo hace rápido—: procesos cada vez más tecnificados, exigencias ambientales más altas, trazabilidad, digitalización, circularidad, innovación en materiales y en producción. Y todo eso, en el mundo real, se hace con personas. Con equipos. Con talento.
La buena noticia es esta: quien entre hoy en el textil puede construir una trayectoria con sentido, con estabilidad y con recorrido. La condición es que sepamos abrir puertas y, sobre todo, que sepamos invitar.
Hay jóvenes que buscan un trabajo y hay jóvenes que buscan un proyecto. La diferencia es grande. Cuando una empresa transmite que hay un rumbo —que se invierte, que se escucha, que se mejora—, el talento lo percibe. Y cuando no, también.
Por eso, si queremos atraer a perfiles nuevos, debemos empezar por lo más sencillo (y a veces lo más olvidado): crear un entorno donde apetezca trabajar. Las instalaciones, el clima laboral, el respeto, la manera de liderar y de integrar a quien llega. El salario es importante, sí. Pero el ambiente, la organización y la sensación de futuro pesan muchísimo.
Y hay un punto que marca la diferencia entre “fichar” y “sumar”: cuando incorporas a alguien con talento, no lo traes para que repita lo de siempre. Lo traes para que aporte. Para que cuestione, mejore, proponga. Si a una persona joven le pedimos ideas… y después le cerramos el paso, no perdemos una persona: perdemos la oportunidad que venía con ella.
En este sentido, el liderazgo es clave. El buen liderazgo no es solo dirección: es escucha. Y la escucha no es un gesto amable; es una herramienta de competitividad. Porque una idea valiosa puede venir de cualquier parte de la empresa.
Si hablamos de futuro, hay un ámbito que lo sostiene todo: la formación. Y aquí hay una reflexión que conviene hacer sin complejos.
En algunos itinerarios formativos hay oferta, incluso abundante. Pero en el terreno que más necesita la industria —la producción— falta músculo: técnicos y técnicas preparados para procesos industriales. Y no hablamos de teoría: hablamos de realidad de fábrica, de maquinaria, de oficio, de seguridad, de calidad, de eficiencia.
A veces el problema se explica solo con una imagen: intentar enseñar un proceso industrial con recursos que no se parecen en nada a los que se usan en una empresa. Si queremos profesionales preparados, necesitamos una formación que se parezca al mundo real.
Y aquí aparece una gran oportunidad: construir puentes de verdad entre centros de formación y empresas, y también entre universidad y formación profesional. Hay recursos y equipamientos infrautilizados en algunos ámbitos, mientras que en otros faltan herramientas, infraestructura y materiales. Con coordinación, se puede ganar mucho.
Esto no es un debate educativo abstracto. Es un debate de competitividad. Si el sector quiere crecer, innovar y adaptarse, necesita gente formada. Y si queremos gente formada, tenemos que facilitar el acceso y hacer atractiva esa formación.
Muchas decisiones vocacionales se toman por percepción. No por datos. Por eso, el “relato” importa.
Durante años se ha repetido una imagen del textil asociada al pasado. Incluso cuando hablamos de patrimonio —con todo el valor que tiene—, a veces olvidamos enseñar lo más importante: lo que el textil es hoy. Tecnología, automatización, sostenibilidad, nuevos materiales, procesos cada vez más precisos, innovación aplicada. Si solo se muestra el ayer, es normal que algunos jóvenes crean que aquí no hay mañana.
Y sin embargo, el mañana existe. Y es atractivo. Solo hay que contarlo mejor: en los centros, en las ferias, en los espacios divulgativos, en la orientación profesional, en los canales donde está el público joven.
Aquí hay un trabajo de sector: explicar que el textil actual no es solo “moda”. Es industria. Es tecnología. Es economía circular. Es empleo cualificado. Y es una carrera profesional con múltiples puertas de entrada.
Hay un momento decisivo en cualquier itinerario: las prácticas. Es ahí donde el textil deja de ser una idea y se convierte en una experiencia.
Cuando las prácticas funcionan, pasan dos cosas: la persona aprende —de verdad— y la empresa detecta potencial. Y eso acelera el relevo generacional mejor que cualquier campaña.
Por eso, si hay un obstáculo práctico —la distancia entre centros de formación y fábricas, o el coste del desplazamiento—, no podemos resignarnos. No es un detalle logístico: es una barrera de acceso. Resolverlo es invertir en futuro.
La gente joven no solo mira el puesto; mira el proyecto. Y el proyecto se ve en decisiones concretas: mejoras, tecnología, organización, seguridad, formación interna, cultura de empresa.
Es verdad que el contexto económico aprieta y que, especialmente para pymes, acceder a ayudas puede ser complejo. Pero precisamente por eso, cuando una empresa logra modernizarse y mejorar, se genera un efecto que a menudo se subestima: el equipo siente que hay futuro, que hay intención de hacer las cosas bien, que se apuesta por el largo plazo. Esa percepción retiene talento. Y también lo atrae.
El texto no va de “problemas” ni de nostalgia. Va de responsabilidad y de oportunidad.
Si queremos un sector fuerte, debemos conseguir que una nueva generación lo vea como lo que es: una industria con futuro, con empleo cualificado, con posibilidades de crecimiento y con un papel clave en retos globales como la sostenibilidad y la transformación productiva.
El compromiso es compartido: empresas, administración, centros educativos y entidades sectoriales. Pero el objetivo es uno: abrir la puerta y decir, con claridad, que el textil es una buena apuesta profesional.
Y que quien entre hoy, no entra a un sector “de antes”. Entra a un sector que se está escribiendo ahora.
Conviene recordarlo: el textil ofrece oficio. Y todo oficio se sostiene en pasión, aprendizaje y creatividad.